La noche cayó sobre Roma como un manto pesado. Alejandra permanecía sentada en la sala del pequeño apartamento alquilado en Roma, había regresado de Napoles ese día y estaba con la cabeza maquinando que hacer, tenía el teléfono en la mano y miraba sus contactos. Su mente era un torbellino. La noticia del viaje de Alice a Barcelona la había descolocado más de lo que estaba dispuesta a admitir.
No era solo el viaje. Era el mensaje. Amanda no estaba sola.Y eso solo significaba que su control com