REALIDADES MATAN LA ILUSIÓN.
Toqué la puerta antes de entrar y un “adelante” se escuchó. De repente un dolor de cabeza se manifestó en mí. Hice un gran esfuerzo para mantenerme firme ante los ojos de Rodolfo. Apenas entré al despacho, Adrián se levantó y fue hacia mí.
—Espero que a ese tal Guillermo le haya quedado todo claro —fue lo primero que dijo al acercarse. No le contesté. Rodolfo se levantó de la silla que reposaba detrás del escritorio y se aproximó a nosotros.
—Yo espero haber sido claro contigo y también con Adr