Estefanía.
— Estefanía —dijo Adrián, acercándose rápidamente a mí. Yo lo detuve.
—Te suplico qué no des un paso más hacia mí.
—No seas injusta, yo no sabía de esto —Adrián tenía la mirada cristalizada.
—Precisamente por qué no lo sabías… Yo no voy a hacer el ancla que te lleve a la ruina.
—¿Es que tú aún no entiendes qué mi ruina sería perderte? —Su voz era suplicante.
—¡Por favor, Adrián! ¿Acaso no escuchaste a tu padre? ¿No fueron tus ojos los que leyeron esos papeles?