DUELE EL ALMA.
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Arantxa había logrado traer a Adrián hasta mí; en aquel pequeño y definitivo instante; yo podía ver mi vida a través de sus ojos, un espejo que me revelaba que la muerte no era el final de todo. Aquella sangre indeleble no era la única fuente que tenía el poder de regresar al cuerpo inmortal y joven, la vida ya nos había brindado ese don. Las almas eran inmortales y yo trascendería; él y yo nos volveríamos a encontrar; esa revelación me había dado paz, yo había escogido el camino correcto,