DESTINADA A CAMINAR ENTRE LA NOCHE.
Estefanía.
La sangre brotaba de mi boca y un dolor intenso quemaba mi interior; un creciente instinto maternal me poseía, obligándome a proteger mis entrañas, pero no podía; encima de mí estaba el cuerpo de Arturo; sentía cómo su aliento palpaba mi cara y cómo la vida se me escapaba rápidamente. Luchaba por abrir mis ojos que se querían cerrar contra mi voluntad, se me dificultaba respirar, entonces lo volví a ver; aquel rostro inmortal que se negaba a morir, me miraba con angustia, él también