ESPADA ENTRE EL VIENTO.
Arturo.
—¡Estefanía! —grité su nombre al percibir lo que había hecho; los centinelas y mi clan permanecieron inmóviles mientras me alzaba. Vi a Luthzer burlarse y los centinelas de la primera fila abandonaron el lugar. —¡Sé, está conectado al libro de las sombras! —continué vociferando, Nahethis y Alyan me miraban incrédulos.
—Se volvió más astuta que tú, Arturo. Me gustan las agallas que tiene tu esposa… Las descendientes de los Álamos tienen almas difíciles de doblegar —manifestó Luthzer, su