LAS HUELLAS NO SE BORRAN.
Arturo.
Los pensamientos hacia Estefanía estaban sujetos a mi espíritu, sin dar lugar a nada más. Al besarla de nuevo, comprobé que la esencia del maldito centinela estaba arraigada por completo en su alma; sus raíces estaban propagadas y afianzadas por todo su interior, luchando por seguir dando frutos.
El silencio era ensordecedor y sepulcral, los centinelas parecían haberse evaporado, pero yo sabía que no era así. Nunca cierran los ojos, sus almas siempre están en vigilia. Por otro la