Estefanía.
Era la Medianoche y aún no podía conciliar el sueño. Me acerqué a la ventana y me encontré con la más fría soledad. No había ni un sonido de los animales nocturnos, e incluso la luna parecía haber perdido los recuerdos. Cerré los ojos para percibir el aroma de la noche. La brisa empezó a gemir elevando consigo una estela de hojas secas que se levantaron y volaron frente a mi observación. Ya no salía una lágrima para recibir los viejos recuerdos, ahora era un llanto seco e interno