La noche cayó sobre la ciudad, y con ella, el silencio pesado de la casa.
Ana se movía con cuidado por la cocina, guardando los platos en su lugar, como si cada sonido pudiera despertar a un monstruo dormido. Martín estaba en la sala, mirando las noticias con gesto hosco, y ella no quería darle ningún motivo para iniciar otra discusión.
Mientras se secaba las manos en el delantal, el recuerdo del encuentro con Julián volvió a su mente. Su sonrisa, su mirada cálida, la forma en que le dijo que