El interrogatorio termino y Clara decidió quedarse a hacerle compañía a su amiga.
La tarde comenzaba a dorarse detrás de las ventanas del hospital cuando Leonardo regresó. Traía el saco desabrochado, el cabello ligeramente despeinado y esa expresión cansada que siempre lo acompañaba después de un día largo.
Ana lo vio entrar y sonrió débilmente desde la cama.
—Ya pensaba que te habías perdido —bromeó.
Él dejó una carpeta sobre la mesa y se acercó con una sonrisa que le suavizó el rostro.
—Si me