CAPITULO 74- YA NO HAY MIEDO.
Leonardo se separó lentamente de ella y, con una voz suave, dijo:
—Ven… siéntate conmigo un momento.
Ana asintió. Fueron hasta el sofá de la sala, aún decorada con flores y cintas. El aroma a rosas flotaba en el aire. Leonardo esperó a que se acomodara antes de hablar otra vez.
—Hay algo que quiero que sepas —comenzó, mirándola con una mezcla de ternura y determinación—. Ya no tienes que dormir en la otra habitación, Ana. Este es tu hogar, y mi habitación… —tomó su mano— también es la tuya.