Los días transcurrieron con una normalidad extraña. Ana volvió a su rutina: las clases en el instituto por la mañana, el trabajo en Santori Corp por la tarde, y las noches tranquilas en el apartamento junto a Clara. Pero aunque las horas parecían avanzar con calma, dentro de ella todo era una mezcla de alerta y desconfianza.
Leonardo había insistido en que no se desplazara sola. Sin consultarle demasiado, contrató a una guardaespaldas, una mujer alta, de cabello corto y mirada firme, que se pr