El aire en la oficina se volvió más denso cuando sus miradas se cruzaron. Ana sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. No podía creer que aquel hombre —el desconocido del baile, el de la mirada profunda que la había dejado temblando días atrás— fuera nada menos que el presidente de la empresa en la que acababa de empezar a trabajar.
Él avanzó hacia ella con paso tranquilo, seguro, sin apartar los ojos de su rostro. Cada movimiento suyo emanaba autoridad, una calma que imponía respeto y d