El silencio de la madrugada se había instalado en el apartamento de Clara. Ana estaba recostada en el sofá, cubierta con una manta ligera que su amiga le había puesto. No podía dormir, aunque estaba exhausta. Su cuerpo pedía descanso, pero su mente seguía dando vueltas una y otra vez a lo ocurrido.
Clara, sentada a su lado con una taza de café, la miraba con ternura y preocupación.
—No puedes seguir viviendo con miedo, Ana —dijo en voz baja—. Lo de hoy fue duro, pero también te dio una oportu