La noche había caído sobre la ciudad, y aunque el cielo estaba despejado, dentro de mí todo era una tormenta. Me encontraba sentada en el borde de mi cama, con la nota de Alejandro aún en mis manos. “Solo puedo decirte que ahora que te encontré no pienso alejarme de ti.” Esa frase resonaba como un eco persistente en mi mente.
Intenté distraerme, puse música suave, me preparé una infusión de manzanilla, pero nada lograba calmar el temblor sutil en mi pecho. ¿Por qué me afectaba tanto? ¿Por qué es