Con el paso de los días, mi mente empezó a encontrar algo de paz. Alejandro cumplió su promesa: no me buscó, me dio mi espacio. La rutina del trabajo me mantenía ocupada, y aunque Susan intentaba hablar del tema, yo simplemente la evadía. Así transcurrían mis días, entre bisturís y pensamientos que prefería no enfrentar.
Una tarde cualquiera, mientras atendía en mi consulta, mi teléfono comenzó a sonar. De reojo vi que era un número desconocido. No le di importancia y seguí con mi labor. Más ta