Me desperté en mi habitación sin saber exactamente cómo había llegado hasta allí.
No es que no recordara. Es que el recorrido del mirador a la cama lo había hecho en ese estado en que el cuerpo funciona en automático y la cabeza está ocupada procesando otras cosas, y el resultado es que llegas al destino sin el mapa de cómo llegaste.
Eran las nueve de la mañana.
Techo de piedra. La habitación que llevaba meses siendo mía sin haberla elegido. La luz del ángulo específico que tiene cuando el sol