Perla reorganizaba el archivo de la despensa con la metodología de alguien que lleva décadas en ese sistema y no necesita pensar en él: cada cosa en su lugar exacto, los movimientos mínimos y precisos. Lo encontré así a las once de la mañana, cuando bajé con la lista de preguntas que había estado armando desde el desayuno.
—Necesito hablar de Ezequiel Montecreaux —dije desde el umbral.
Perla no se detuvo. Movió un frasco de un anaquel al siguiente sin mirarme.
—¿Qué quiere saber? —preguntó.
—Qu