Pasé la tarde del miércoles en la sala sellada de mi padre.
No era la primera vez que entraba allí con el diario. Era, sin embargo, la primera vez que entraba con una pregunta específica en lugar de con la lectura abierta de quien recorre un territorio sin destino.
La pregunta era: ¿qué sabía Ezequiel del Consejo de Estirpes?
Tenía mis razones para buscar eso específicamente.
Desde que Sael me explicó el plazo de notificación, desde que escuché por la puerta del despacho la conversación de los