La nota de convocatoria llegó con el desayuno.
Un papel doblado en cuatro, puesto al lado de la taza sin explicación, con la letra de Luciano: Estudio, diez de la mañana. Requisitos formales del evaluador del Consejo.
Funcional. Sin posibilidad de negativa implícita.
Lo doblé de vuelta y lo puse bajo el plato.
Fui puntual porque no tenía razón para no serlo.
El estudio de Luciano olía a papel y a resina de cedro, igual que siempre, y tenía la temperatura específica de un cuarto donde alguien ll