(Sael — habitación de Valentina, madrugada)
Valentina llevaba dos horas dormida.
Sael no se había movido del borde de la cama.
No era vigilancia. Era la incapacidad de irse que tiene quien se da cuenta, en el momento en que el otro cierra los ojos, de que lo que siente no tiene nombre en el vocabulario que ha construido en ochenta y nueve años de existencia Voraz.
El vínculo, mientras ella dormía, era diferente.
Durante el día era un canal activo: emociones con textura, con dirección, con la ur