despacho de Luciano tenía luz a las once de la noche.
Había visto esa línea de luz bajo la puerta cientos de veces desde que llegué a la hacienda. A esta hora era normal: Luciano trabajaba tarde con una regularidad que ya era parte del paisaje de la casa.
El silencio del corredor con esa luz al fondo era uno de los sonidos que había aprendido a reconocer como la hacienda en estado de funcionamiento ordinario.
Lo vi desde el corredor cuando pasé de camino a mi habitación: la línea de luz bajo la