Esta vez no llevé excusa.
Sin libro olvidado, sin documentos que buscar, sin razón funcional que justificara el camino hacia los establos. Fui porque decidí ir, y eso era suficiente argumento.
Dante estaba en el puesto del fondo, revisando el arnés del caballo más viejo. No el movimiento de alguien que tiene una tarea urgente —el arnés estaba en buen estado. Era el trabajo de alguien que necesita tener las manos ocupadas mientras la cabeza hace otra cosa.
Me vio entrar por el arco.
No desvió la