POV SCARLETT
El laboratorio de Elena Vetrovski era un templo al conocimiento prohibido. A diferencia de mis laboratorios en Moscú o Londres, este lugar no buscaba la armonía; buscaba el límite. Las paredes de grafito absorbían el sonido, creando un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el latido rítmico del monitor cardíaco conectado a Klaus.
Él estaba sentado en una silla de sujeción reforzada, con el torso desnudo y lleno de electrodos. Frente a nosotros, sobre una bandeja de acero