POV SCARLETT
El banquete había sido un desfile de poder, pero para mí solo fue un borrón de brindis con vodka y miradas de respeto teñidas de miedo. En cuanto Klaus pudo deshacerse de los últimos capitanes de la Bratva, me tomó de la mano y me sacó del salón de baile. No caminamos; casi corrimos hacia el ático de la mansión, nuestro refugio privado en lo más alto de la ciudad.
En cuanto la puerta blindada se cerró tras nosotros, el ruido de la música y las risas de los criminales se extinguió.