El amanecer apenas despuntaba cuando llegué al campo de entrenamiento. La brisa fresca acariciaba mi rostro mientras observaba el espacio vacío, disfrutando del silencio que pronto se rompería. Había elegido esta hora temprana a propósito; quería familiarizarme con el terreno antes de que los demás llegaran.
Respiré profundo, dejando que el aroma del bosque cercano llenara mis pulmones. Cinco años atrás, jamás habría imaginado estar de vuelta aquí, en el corazón del territorio que me vio nacer