El sol apenas se asomaba entre las montañas cuando ya estaba en pie, recorriendo los límites del territorio como cada mañana. Como Beta de la manada, mis responsabilidades eran claras: mantener el orden, ser los ojos y oídos del Alfa, y asegurarme de que nada perturbara la paz que tanto nos había costado construir.
Mi nombre es Adrián, y llevo siendo el Beta de Damián desde que éramos apenas unos cachorros jugando a ser guerreros. Lo conozco mejor que nadie, incluso mejor que él mismo. Por eso,