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La luz del amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación principal, dibujando patrones dorados sobre la piel desnuda de Lilith. Llevaba días despertando con una sensación extraña, como si su cuerpo le susurrara secretos que su mente aún no comprendía. Se incorporó lentamente, sintiendo un leve mareo que la obligó a cerrar los ojos por unos segundos. Era la tercera mañana consecutiva que experimentaba aquella sensación. Al principio lo había atribuido al cansancio de las últimas semanas,