Alejandra Marie Costa
El mensaje no volvió a salir de mi mente.
“No puedes esconderte para siempre. Él ya sabe.”
Lo repetí en mi cabeza más veces de las que puedo contar. Cada palabra era como un clavo sobre mi tranquilidad, martillando una y otra vez.
Marian fue la primera en tomar control de la situación. Cerró todas las ventanas. Reforzó las cerraduras con lo poco que teníamos a mano: una silla, una cadena, clavos oxidados que encontró en un cajón. Mientras tanto, Lina no se despegó de mi hi