Richard Müller
El zumbido constante de los motores del avión es el único sonido que me permite organizar mis pensamientos. Miro a Alejandra dormida, con nuestra hija acurrucada en su regazo, y siento un alivio efímero. Hemos salido del pueblo, hemos burlado a Mario… pero sé que esto apenas es el inicio.
Tessa se acerca, inclinándose con la naturalidad de alguien que nunca pierde el control:
—Todo ha salido según lo planeado. Jonathan ya habló con Dubois; su gente nos espera en Nueva York.
—Pe