Richard Müller
El silencio se instaló entre ambos, más pesado que cualquier palabra. Afuera, la ciudad brillaba con miles de luces, pero dentro de esta habitación la oscuridad parece más cercana que nunca.
—Richard, no puedes caer en esa trampa, ni siquiera por nuestro bien, mi amor —suplica Alex con lágrimas
—Escúchame, amor —susurro, solo para que nos escuchemos—. Ahora mismo no podemos darnos el lujo de elegir, Alex; por el bien de nuestra familia, debemos colaborar con Dubois. Aunque ese