Alejandra Marie Costa
Finalmente llegamos a nuestro destino: un rincón olvidado en lo más recóndito de una ciudad que ni siquiera aparece en los mapas. Aquí, según lo prometido, estaríamos a salvo del alcance de mi padre.
Aunque, siendo sincera, a estas alturas lo dudo. Sin embargo, debo aferrarme a esa esperanza. Por el bien de mi pequeña hija. Por Marian. Por Lina.
A veces, la fe en lo improbable es lo único que nos mantiene firmes.
Mi atención no se relaja ni un segundo. Escaneo cada rostro