Apagué la pantalla por un rato y me quedé en la oscuridad. Tenía que preparar el siguiente paso: no correr tras nuestra furia, sino tender una respuesta que nos devolviera control. Carlos nos había herido en lo íntimo; ahora haríamos que esa herida fuese, para él, evidencia.
El 3 había empezado como él quiso: con miedo y exhibición.
Pero aún quedaba el resto del día.
Y yo no pensaba regalarle la última escena.
Apagué la pantalla pero no apagué la cautela. La oscuridad del cuarto me dio tiempo p