La noche no había terminado, aunque el reloj marcaba las tres de la madrugada.
El apartamento estaba sumido en un silencio espeso, apenas interrumpido por el zumbido lejano del refrigerador.
Clara no había dormido. La fotografía seguía sobre la mesa, junto a la nota escrita con tinta negra:
“LOS VEMOS.”
Cada vez que la leía, algo en su interior se contraía con un miedo primitivo. No era solo la amenaza. Era el hecho de que esa imagen, aquella captura íntima con Sebastián en el balcón del hotel