La noche cayó sobre la ciudad como una sábana de terciopelo negro. Desde su apartamento, Clara observaba las luces parpadear en los edificios vecinos. Cada ventana contaba una historia ajena, una rutina que ella ya no conocía. En el reflejo del cristal vio su propio rostro —la expresión de una mujer que había aprendido a no pestañear frente al peligro—.
El sobre con la fotografía aún descansaba sobre la mesa del comedor, junto al dossier que Martín le había entregado. No se había atrevido a tir