Clara caminaba por las calles de Manhattan con pasos medidos, cada movimiento evaluado como si la ciudad entera pudiera ser un tablero de espionaje. La amenaza implícita del sobre y la fotografía recibida la noche anterior todavía pesaba en su bolso, recordándole que alguien estaba observando cada detalle de su vida. “LOS VEMOS”, decía el mensaje. Y aunque parecía simple, contenía toda la tensión de un enemigo que conocía demasiado.
Al llegar al edificio donde Martín Ríos la esperaba, respiró h