LEV
Sasha llegó puntual.
Era lo mínimo que podía esperar de alguien como él: preciso, metódico, sin el menor interés en hacerme perder el tiempo. El coche se detuvo sin levantar polvo, sin ruido innecesario. Lo vi por la cámara de seguridad antes de salir. Llevaba la misma chaqueta gris de siempre, las botas limpias, la barba corta. Nadie lo detuvo en la entrada. Todos sabían que Sasha no era solo uno más. Era el mejor rastreador que he tenido, y el único que podía hablarme sin medir cada palab