Ese día, Asha y Bruno salieron de paseo.
El cielo tenía un azul tranquilo, sin nubes que interrumpieran su vastedad, y el aire olía a pasto recién cortado y agua estancada.
Iban en silencio en el auto, ella mirando por la ventana con los pensamientos enredados como raíces viejas.
Él, con la mirada fija al frente, pero de vez en cuando sus dedos buscaban los de ella, como si necesitara recordarle que estaba ahí. Que no estaba sola.
Asha estaba nerviosa. Lo que había ocurrido entre ellos apenas dí