Asha dio una última vuelta por aquel pequeño departamento.
Sus pasos resonaban en el suelo como ecos de un pasado que ya no quería sostener. Cada rincón, cada grieta en la pared, cada sombra de los muebles, todo parecía impregnado de recuerdos.
Hasta hacía poco, había creído amar ese lugar.
Porque ahí, en ese espacio humilde y cálido, había amado. O al menos, había creído hacerlo.
Había reído entre esas paredes, había soñado, había entregado su cuerpo y su alma, con la fe ingenua de quien cree q