Ella se desvaneció en sus brazos.
Asha forcejeó, empujó su pecho con las palmas abiertas, manoteó con desesperación, pero su cuerpo temblaba, derrotado.
El miedo había succionado toda su energía. Cayó… no al suelo, sino en los brazos que un día había amado y que hoy se sentían como un refugio que ya no podía permitirse.
Iker la sostuvo con firmeza, la apretó contra su pecho con una mezcla de angustia y alivio. Su respiración estaba entrecortada, su corazón latía tan fuerte que sentía que podría