—¿Qué sucede, cuñado? —preguntó uno de los gemelos, Durance, con una sonrisa que destilaba veneno dulce—. ¿Acaso no vas a casarte con nuestra hermana? Si es así, tenemos todo el derecho de estar aquí… y disfrutar del evento.
Sus palabras quedaron flotando en el aire como una burla refinada.
Varios invitados rieron con descaro, algunos con incomodidad, sin saber si reír o callar. La tensión ya se podía cortar con un cuchillo.
Menos Iker.
Él no rio. Ni un gesto. Solo bajó la mirada, como si las pa