Como si, por fin, se cayera la venda.
—¿No estás escuchando? —dijo con un hilo de voz—. ¡Estoy destruido!
—¿Y qué? —respondió ella, sin una pizca de remordimiento—. ¿Acaso crees que la hijita de Ellyn no merecía sufrir? ¡Por favor! ¡Era perfecto! Tú, que creciste siendo sucio, maltratado, adoptado por dos extraños… eras la pieza perfecta. ¿Y sabes qué? Lo supe desde antes que nacieras. Desde que me di cuenta de que estaba embarazada. ¡Ahí mismo supe qué haría contigo!
Iker tragó saliva. El sudor