El silencio volvió, esta vez más denso, más oscuro.
Iker no podía respirar. Sus labios se movían, pero no salía sonido. Se arrastró hacia la carta como si fuera un sobreviviente entre escombros, y la abrió con dedos temblorosos.
Era una prueba médica.
Ahí estaba todo: la confirmación del embarazo, la fecha estimada… y al final, un resumen de urgencias: aborto espontáneo por presión arterial elevada causada por problema emocional severo.
La prueba del crimen que no pudo borrar.
Iker lloró.
Lloró