—¿De qué estás hablando? —Sebastián frunció el ceño, genuinamente desconcertado.
Melissa no respondió. Pero en ese instante, una nueva figura apareció en escena: Rodrigo, su esposo, que se acercaba con paso firme.
Karen, al verlos a los tres reunidos, sintió que se le prendía fuego el alma. Apretó los dientes, respiró hondo, y avanzó con paso decidido, como una loba que va al ataque.
—¿Tienes algo de vergüenza, Melissa Durance? —dijo con sarcasmo venenoso, alzando la voz—. ¿Ahora buscas a mi esp