Cuando Sebastián escuchó el motor de un auto encenderse, un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Corrió hacia la ventana con el corazón acelerado, como si algo dentro de él supiera que estaba a punto de perderla. Y entonces la vio. Melissa. Sola, decidida, alejándose a toda velocidad por la entrada de la casa.
El miedo se le clavó como una daga. Miedo real. No de perder una discusión o de aceptar una derrota… sino de perderla a ella, completamente.
Bajó de inmediato, sin pensarlo. Tomó las llaves d