Los meses avanzaron como si el tiempo intentara curar las heridas, pero cada día traía consigo un nuevo reto para Ellyn.
Desde que se fue, se había refugiado en un mundo ajeno, uno donde el nombre “Durance” no tenía peso.
Donde podía despertar sin miedo a traiciones, sin los ojos de Federico, juzgándola con ese frío que tanto le dolía. Pero ese día… ese día era diferente.
Estaba acostada en la camilla del consultorio, con la bata abierta sobre su vientre.
El gel frío sobre su piel la hizo estrem