Varios meses después.
Ellyn mal dormía en aquella cama del centro de la ciudad de París, en un departamento elegante, frente al río Sena.
Soñaba con él.
Eran de nuevo dos niños jugando en los jardines de la casa de campo.
Entonces, Federico corrió hacia ella, tomaba su mano y se arrodilló ante ella.
—Por favor, perdóname.
Ahora ya no era un niño, sino el adulto.
—Serena, por favor, te lo ruego, vuelve a amarme.
Serena despertó. Sintió un dolor que la partía, su cama húmeda.
—¡Mi bebé, va a nacer