Un mes después.
El tiempo había pasado arrastrando los días como si fueran cadenas oxidadas.
Y aunque el mundo parecía continuar su marcha indiferente, para Federico todo se había detenido desde que Ellyn desapareció.
Ni un mensaje. Ni una pista. Nada.
—¡No es posible! —golpeó la mesa con la palma abierta, haciendo temblar los papeles frente al investigador privado—. ¡No pudo habérsela tragado la tierra! ¡Ellyn tiene que estar en algún lado!
El investigador dio un leve salto en su asiento. Sudab