Pero no fue él quien disparó.
El sonido del disparo retumbó como un trueno en medio de la noche.
Un instante después, el hombre que amenazaba a Ellyn cayó de espaldas, con un agujero sangrante en la frente.
Su cuerpo golpeó el suelo con un estruendo sordo, la sangre brotando como un oscuro río silencioso.
Ellyn gritó y por puro instinto abrió los ojos y miró la escena tétrica ante ella, lanzó un alarido lleno de pánico, de espanto, de incredulidad.
Sus piernas se negaban a moverse, su cuerpo ent