Federico salió del departamento como un rayo.
Ni siquiera se molestó en cerrar la puerta, sus pasos eran una mezcla de rabia, desesperación y culpa.
Las llaves temblaban en su mano sudorosa mientras se dirigía al ascensor.
Su mundo acababa de desmoronarse: Ellyn era inocente, y él… él la había condenado con sus dudas, con su silencio, con su desprecio, con el rencor del pasado.
Solo quería verla, decirle que lo sabía todo, al menos pedir perdón por eso, decirle que el hijo de Samantha nunca fue